29/01/2026/
Desde el desierto a la Luna: cómo la experiencia minera chilena empieza a dialogar con la NASA

SK Godelius, filial del grupo Sigdo Koppers, ha sido parte de espacios impulsados por el organismo espacial de Estados Unidos donde el conocimiento minero terrestre se cruza con los desafíos tecnológicos del mundo espacial.

Lo que comenzó como un proyecto de exploración geológica en el desierto de Arabia Saudita terminó abriendo una puerta inesperada hacia uno de los desafíos tecnológicos más ambiciosos del siglo XXI: la minería espacial. La experiencia desarrollada por SK Godelius, filial del grupo Sigdo Koppers, a partir del diseño de un vehículo robótico capaz de desplazarse de manera autónoma, perforar y tomar muestras en condiciones extremas, despertó el interés de la NASA, que hoy busca aprender de la minería terrestre para enfrentar los retos de operar fuera del planeta.

El proyecto saudí consistió en el diseño y desarrollo de un robot de cuatro ruedas preparado para operar en entornos altamente hostiles, con grandes variaciones térmicas entre el día y la noche, sin intervención humana directa. Se trataba de un sistema semi-autónomo, capaz de combinar teleoperación con toma de decisiones propias en terreno, una arquitectura tecnológica muy similar a la que requieren los rovers planetarios utilizados en misiones espaciales.

A partir de ese desarrollo, SK Godelius fue invitada a participar en workshops organizados por la NASA y el Servicio Geológico de Estados Unidos, realizados en Silicon Valley, donde convergieron expertos del mundo espacial y de la minería terrestre. En esas instancias, el foco estuvo puesto en una pregunta concreta: cómo aprovechar décadas de conocimiento acumulado en perforación, automatización y operación remota para resolver los desafíos de la exploración y eventual extracción de recursos fuera de la Tierra.

“La minería global está entrando en una etapa donde la tecnología y la innovación operativa son claves para su sostenibilidad y competitividad. Que desarrollos nacidos en la minería chilena sean parte de estas conversaciones refleja el valor estratégico del conocimiento construido en terreno”, afirma Caroline Vender, gerenta general de Sigdo Koppers Ingeniería y Construcción, también filial del grupo.

Estas conversaciones se insertan en un contexto mayor. El renovado impulso de la llamada “segunda carrera espacial”. A diferencia del siglo pasado, el objetivo ya no es solo llegar a la Luna, sino establecer bases permanentes. Ese cambio de paradigma abre un problema central, al asegurar recursos críticos —agua, oxígeno, energía y materiales de construcción— sin depender de envíos desde la Tierra, una alternativa considerada inviable por costos y logística.

“Quienes conocen de perforación profunda, extracción y procesamiento de minerales están en la Tierra; quienes dominan la operación en condiciones de baja gravedad, radiación extrema y ausencia de atmósfera están en el mundo espacial. El desafío es hacer converger ambos conocimientos”, señala Fernando Bracco, gerente general de SK Godelius, quien ha expuesto estos temas en espacios académicos y científicos en Chile y el extranjero

En estas instancias de trabajo han coincidido grandes actores mineros globales —como BHP, Rio Tinto y Freeport— junto a empresas tecnológicas de Canadá, Australia y Estados Unidos. En ese escenario, la presencia de una firma chilena resulta especialmente relevante. La contribución de SK Godelius se centra en identificar desarrollos con potencial dual. Tecnologías que mejoran la minería terrestre hoy y que, al mismo tiempo, pueden adaptarse a futuras aplicaciones espaciales. Navegación autónoma en terrenos complejos, perforación robótica, sensorización avanzada y operación remota con alta latencia son algunos de esos puntos de convergencia.

Si bien los proyectos de minería espacial aún se encuentran en una etapa temprana, las señales son claras. La caída radical en los costos de lanzamiento —producto de la irrupción de actores privados como SpaceX— ha cambiado las reglas del juego y ha hecho viable que empresas de países mineros, incluso fuera de las grandes potencias espaciales, comiencen a participar en este nuevo ecosistema.

Desde el desierto de Atacama hasta el polo sur lunar, la historia que empieza a escribirse conecta robótica, minería, automatización y exploración espacial. Una historia que muestra cómo capacidades desarrolladas para resolver desafíos productivos en la Tierra pueden transformarse en piezas clave de un futuro que, cada vez más, se proyecta más allá de nuestro planeta.